Evasión

En ocasiones pasamos en nuestra vida por fases en las que andamos un poco perdidos. Pueden ser etapas de transición entre un trabajo y otro o fases de reinvención en las que tratamos de salir de nuestra zona de confort.

En algunas de esas situaciones es posible que lleguemos a plantearnos la búsqueda de nuestro Propósito Vital y en otras solo necesitamos un impás antes de lanzarnos al siguiente proyecto.

El motivo de esta reflexión es que, hablando con personas que están en esta situación, me dicen que están haciendo muchas cosas: asisten a eventos, van a cursos, leen libros, escuchan podcasts, visualizan vídeos, organizan actividades.

Sin embargo, a mí, algunos de estos mensajes me llegan como una forma de huida hacia delante. Una necesidad de actividad por la actividad en sí misma, sin un fin en mente. 

Como decía Stephen Covey en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, el segundo hábito, dentro de los tres primeros que tratan del autodominio,es decir, orientados a lograr el crecimiento de la personalidad para obtener la independencia, es “empezar el día con un fin en mente”.

Si no están guiadas con un propósito concreto, estas actividades podríamos considerarlas como de evasión. Son de las más peligrosas porque transmiten la sensación de estar haciendo algo útil, que es posible que lo sea, pero pueden no estar alineadas con nuestro propósito y, en ese caso, nos alejan de nuestros objetivos.

Para identificar si las actividades que llevamos a cabo, y que nos pueden hacer sentir bien, nos acercan a nuestros objetivos, el primer paso sería definirlos. Un buen punto de partida sería buscar y declarar nuestro Propósito Vital. Para ello podemos transitar por el camino del Autoconocimiento, para conocernos mejor y decidir conscientemente lo que queremos ser.

Este proceso implica pasar tiempo a solas, reflexionar, empezar a mirar en nuestro interior, ser honestos con nosotros mismos y dejar de contarnos historias para justificar nuestro comportamiento y nuestras decisiones.

A lo largo de nuestra vida recorremos distintas etapas y vamos alternando trabajos que pueden estar relacionados con lo que hemos estudiado, con lo que nos gusta o cualquier tipo de trabajo que nos permita ganarnos la vida. En cualquiera de estos casos, dependiendo de nuestra implicación y nuestra dedicación, podemos llevar a cabo un buen trabajo.

Sin embargo, en el momento en que tomamos consciencia de lo que realmente nos motiva en la vida, de nuestro Propósito Vital, esa actividad deja de ser un trabajo y pasa a un plano superior, en el que ya no lo medimos por el número de horas que dedicamos a la semana o por el salario que nos aporta, sino por la satisfacción de hacer algo que mejora la vida de los demás. Cuando nos dedicamos a algo que nos apasiona y nos formamos, experimentamos y seguimos mejorando día a día, estamos más cerca de cumplir nuestro Propósito Vital.

“Cuando te encuentres en etapas de tu vida en las que haces muchas actividades y sin embargo no te sientes realizado, mi consejo es parar y preguntarte si realmente estás haciendo cosas que te llevan hacia tus objetivos o simplemente son actividades de evasión.”

Francisco Páez

Experto en Desarrollo Personal para Directivos y Profesionales

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